Volver al curso: Clase 2: Dónde estamos/Situación diagnóstica.
Históricamente la situación de las personas travestis, trans y no binarias en Argentina es una situación crítica. A pesar de haber transitado cambios normativos que reconocen el cambio registral y el acceso a las modificaciones corporales dentro del Plan Médico Obligatorio, la sistemática expulsión de las redes de cuidado y protección siguen haciendo que la existencias trans estén selectivamente vulneradas.
El informe “Con nombre propio”, realizado entre la Asociación Civil Mocha Celis y el Ministerio Público de la Defensa de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, da cuenta sobre las condiciones de vida de las personas travestis, trans y no binarias en Argentina, destacando una serie de problemáticas estructurales que impactan directamente en su calidad de vida.
Uno de los aspectos más alarmantes es la esperanza de vida promedio, que ronda los 40 años, reflejando una grave vulneración de derechos a lo largo de toda la vida. Las personas travestis y trans enfrentan altos niveles de exclusión social, pobreza, y precarización laboral. Esto se debe en parte a la discriminación sistemática que experimentan en la escuela, en la atención de la salud y/o en el mercado laboral formal, lo que las empuja, en muchos casos, a situaciones de marginalidad, como la situación de prostitución o el trabajo sexual.
La trayectoria vital de las personas trans está muy atravesada por procesos de migración forzada a partir de las expulsiones de sus hogares de origen una vez que asumen socialmente su identidad de género. La sociedad tiene una gran deuda con las infancias y adolescencias trans que quedan desprotegidas. Desde temprana edad las personas tienen una vivencia de su género. Como se observa en los gráficos a continuación, la asunción social -es decir, la manifestación de un movimiento respecto del género asignado al nacer- oscila según cada identidad de género, pero en todos los casos es muy alta la proporción de personas que lo realizan a los 18 años y antes, trayendo esto, consecuencias en la accesibilidad a su derecho a la educación y a la protección de derechos de niñas, niños y adolescentes.

En el caso de los varones trans, al igual que los datos registrados en 2016, el mayor numero (59,4%) asumió socialmente su identidad de género luego de los 19 años.

Una situación similar se verifica en el caso de las personas no binarias, quienes en su mayoría (56%) manifestaron haber asumido socialmente su identidad de género luego de los 19 años.

En términos de acceso a la salud, si bien la Ley de Identidad de Género garantiza derechos fundamentales, muchas personas trans y no binarias siguen enfrentando barreras al momento de recibir atención médica, tanto por la falta de capacitación y sensibilización de los profesionales de la salud como por la discriminación directa. La discriminación directa se puede expresar en la falta de respuesta ante las consultas específicas (desconocimiento de los cuerpos trans), en hacer deliberadamente esperar más tiempo del correspondiente o en no respetar los pronombres de las personas y llamandolas a proposito por los nombres registrales cuando no tienen realizado el cambio de género. Estas prácticas si bien se han modificado en algunos espacios donde se fomenta la consolidación de equipos de trabajo “amigables” o “inclusivos” orientando la atención a las personas TTNB, sigue siendo un gran impedimento para la sostenibilidad de los tratamientos y la atención de la salud de forma integral.
La educación también es un espacio donde se evidencian las desigualdades. La mayoría de las personas travestis, trans y no binarias no terminan la educación secundaria debido a la violencia y discriminación que enfrentan desde edades tempranas. Esto tiene un impacto directo en sus oportunidades de empleo formal, limitándose a trabajos informales y mal remunerados.
Por otro lado, específicamente en relación al mundo del trabajo, es alarmante que más del 70% de las personas travestis y trans no tiene un empleo formal, lo que las coloca en situaciones de extrema vulnerabilidad económica.

El trabajo sexual/prostitución es una de las principales actividades laborales a las que recurren, no por elección, sino como resultado de la exclusión sistemática que experimentan en el mercado laboral formal. A su vez, incluso en aquellos casos en que las personas travestis y trans logran acceder a espacios de trabajo formal, enfrentan altos niveles de discriminación y acoso, lo que genera condiciones laborales hostiles que muchas veces derivan en el abandono del empleo.
Las políticas de inclusión laboral existentes, como el Cupo Laboral Travesti Trans, han representado un avance importante, pero su implementación sigue siendo insuficiente y desigual en todo el país. Según el informe, solo un pequeño porcentaje ha podido acceder a puestos dentro del Estado bajo este cupo, y en muchos casos, las personas beneficiadas enfrentan resistencias internas en sus espacios laborales o actualmente están siendo despedidas como consecuencia de la retracción del Estado.
Además, es importante resaltar que las personas travestis y trans que logran insertarse en el mercado formal suelen encontrarse en trabajos precarios y con salarios bajos, muy por debajo de la media nacional, lo que perpetúa su situación de pobreza.
El informe también señala los altos niveles de violencia y persecución policial, así como el hecho de que muchas personas travestis y trans son encarceladas injustamente o bajo condiciones extremadamente desfavorables.
En resumen, las personas travestis, trans y no binarias en Argentina continúan enfrentando una exclusión estructural que afecta su salud, su educación, su trabajo y su vida cotidiana, a pesar de algunos avances legales. Esto resalta la necesidad de políticas públicas integrales y específicas para mejorar sus condiciones de vida. Asimismo, resalta también la necesidad de que sea la sociedad en su totalidad quienes se impliquen en modificar las condiciones en las que la desigualdad se reproduce.

